sábado, 2 de febrero de 2013

Tiene la palabra... Antonio Viñayo

Antonio vive en Río Grande, Tierra del Fuego. Acaba de jubilarse y nos cuenta, desde su experiencia, que es posible mantener la esencia más allá del MODELO. ¡¡Gracias Antonio!!
 
 
Nuestra Señora de la Merced
 
Qué dulce encanto tienen tus recuerdos, Merceditas…”, y así, parafraseando este chamamé de Ramón Sixto Ríos inicio mi comentario.
 
Último día de trabajo, 30 de enero de 2013, decidí ir a la oficina en un Mercedes por dos motivos: primero porque me lo merezco y segundo porque 40 años atrás, 31 de enero de 1973, fui a trabajar por primera vez también en un Mercedes Benz, claro, era un micro ómnibus modelo 1112 de la línea 71 (hoy 107) que tomaba en Rosario para llegar desde el pintoresco barrio Parque Field hasta el centro, en unos 45 minutos.
  
Por ello, previo aviso, utilicé el auto de Emilio que por esa hora estaría almorzando en Barcelona, para cumplir épico acontecimiento. Vaquero celeste, zapatillas Nike blancas (ex Lucho), remera negra de La Novata (grupo de baile rosarino de tango) y camisa leñadora frisada abierta a modo de campera. En el ’73 tenía dos pantalones, en el ocaso de la Flower Power todo era colorido, éstos eran estampados, uno sobre un celeste grisáceo y otro en tono bermellón, el problema radicaba en que eran rectos, sin embargo lo peor era que me quedaban un tanto cortos. La solución que encontró mi madre fue conseguir tela lo más parecida posible y agregar una botamanga de unos ocho centímetros además de una “V” invertida para que se ensancharan hacia la parte inferior, no eran auténticos modelos Oxford pero fue lo mejorcito que se pudo hacer (hay que imaginarme con eso además del pelo largo y generosas patillas tipo prócer).
 
Más allá que en mi biografía se citará algo así como “el último día de trabajo fue a la oficina en un Mercedes Benz”, será sólo una anécdota porque no cambiará la esencia. Cuando llegué a Tierra del Fuego, mucho se hablaba de los NYC y los VYQ (nacidos y criados – venidos y quedados) como dos bandos antagónicos, yo -analizando la sociedad- pensaba que sólo existían los piojos resucitados y los piojos que seguiremos siempre siendo piojosos, por supuesto que aún me encuadro con los últimos. Es la esencia, la del Mercedes 1112.
 
El trabajo dignifica… ahora, siendo jubilado… ¿se pierde la dignidad?  
Es lo que hay.
Anton Ego
 
PD/ No respondan con reflexiones baratas que esta vez el único pensador y protagonista soy yo.
 
 

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