sábado, 30 de octubre de 2010

EL "NANO" EN UN ORIGINAL TRABAJO

Liliana, Historia de Babar y Viaje a la luna, narraciones con música, es un disco editado por la compañía discográfica Audivis Ibérica en 1997.
Es un disco en el que Joan Manuel Serrat muestra su faceta como narrador de cuentos, por esta razón el disco es conocido como Serrat narrador, fue grabado en una doble edición en lengua castellana y en lengua catalana, supone una rareza dentro de su discografía.
Grabado con la Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña (OBC) bajo la dirección musical de Salvador Brotons.

domingo, 17 de octubre de 2010

DIA DE LA MADRE

Legado (Para Luciano y Paula, mis hijos)



 Lo que tengo te doy a manos llenas:
mis caricias, mi amor, día tras día.
En vos mi alma entera se vacía
para hacerse de luces y poemas.

¿Sabés? Mamá también ha sido nena
y las cosas no fueron muy sencillas,
por eso es que notás que  a veces brilla
en mis ojos la sombra de una pena.

Pero lejos de atarme a su cadena
me vuelvo hacia tus alas, mariposa.
Tengo para ofrecerte algunas rosas
 que me quedan aún y que están buenas.

Ellas ,que no aceptaron la condena,
pueden tener espinas dolorosas.
Perdoname y quedate con las rosas.
¡Lo que tengo te doy a manos llenas!

             Silvina Felice

jueves, 7 de octubre de 2010

Sobre el arte de narrar cuentos

Por Silvina Felice

“Lo peor es él vértigo. En el vértigo no se dan frutos ni se florece… En el vértigo todo es temible y desaparece el diálogo entre las personas: no hay tiempo. Lo que nos decimos son más cifras que palabras, más información que vida.”

       Ernesto Sábato (La Resistencia)



Vivimos una época en la cual todo pasa muy rápidamente, donde hay una sobreabundancia de imágenes visuales que nos bombardean desde diferentes lugares y la palabra ha sido reducida en su uso a lo necesario para funcionar en esa cotidianeidad.  La narración oral de cuentos instala un tiempo diferente en medio del vértigo al que alude Sábato. Un tiempo blando, sin urgencias, que fluye naturalmente en la voz del narrador.

 La palabra recupera en él la belleza que le niega la prisa y es así fuente de disfrute, tanto para quien la dice como para quien la escucha. Brilla para ambos con todo su poder,  despertando sensaciones, emociones y haciendo posible una comunicación real, profunda. Pronunciada en este contexto es semilla que cae en buena tierra. Quien la da y quien la recibe son transformados por ella, enriquecidos con nuevos significados. Porque esta viva engendra vida. La voz del narrador se convierte  en portadora de lo luminoso y sagrado que tiene la palabra y la comunicación es, entonces, verdadera comunión.

 Todos lo que hemos contado y oído historias podemos dar fe de esto. Desde mi rol de narradora lo ratifico y agrego que, contar cuentos a viva voz, es una experiencia liberadora, dado que nos permite soltar en presencia del otro nuestras emociones, nuestras sensaciones, nuestro cuerpo (que habla y mucho). Y cuando nos sentimos libres para decir y hacer nos sentimos libres para ser. Al ser libres para ser, la barrera que nos separa de los demás desaparece posibilitando que el público se identifique con el narrador y su historia.

  Y así la palabra, rescatada del vértigo que la empobrece, vuelve cumplir con su tarea por excelencia: la de acercarnos.

                                                                                                

sábado, 2 de octubre de 2010

EL CUENTO DEL MES

EL LADO OSCURO DEL CORAZON

OLIVERIO GIRONDO

No sé, me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija.

Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! - y en esto soy irreductible- no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretenden seducirme!

Esta fue - y no otra - la razón de que me enamorase tan locamente, de María Luisa.

¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?

¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo y sus miradas de pronóstico reservado?

¡María Luisa era una verdadera pluma!

Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba del comedor a la despensa.

Volando me preparaba el baño, la camisa. Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...

¡Con que impaciencia yo esperaba que volviese, volando de algún paseo por los alrededores! Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado. "¡María Luisa! ¡María Luisa!... y a los pocos segundos, ya me abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier parte.

Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia que nos aproximaba al paraíso; durante horas enteras nos anidábamos en una nube, como dos ángeles, y de repente, en tirabuzón, en hoja muerta, el aterrizaje forzoso de un espasmo.

¡Que delicia la de tener una mujer tan ligera... aunque nos haga ver, de vez en cuando las estrellas! ¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes... la de pasarse las noches de un solo vuelo!

Después de conocer a una mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre? ¿Verdad que no hay una diferencia sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?

Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que ponga en conseguirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar.


Oliverio Girondo. 
Poeta argentino nacido en Buenos Aires en 1891, en el seno de una familia adinerada que le procuró una esmerada educación en importantes centros educativos europeos. Estudió Derecho, y muy pronto, a raíz de sus contactos con los poetas exponentes de la vanguardia europea, publicó en 1922 su primer libro de poemas, «Veinte poemas para ser leídos en el tranvía», seguidos luego por «Calcomanías» en 1925,  «Espantapájaros» en 1932, «Persuasión de los días» en 1942, «Campo nuestro» en 1946 y «En la masmédula» en 1954, obra que  constituye en su trabajo más audaz en el campo de la poesía.
Al iniciarse la década de los años cincuenta, guiado por su interés en las artes plásticas, incursionó en la pintura con una marcada tendencia surrealista, gracias a su profundo conocimiento de la pintura francesa.
En 1961 sufrió un grave accidente que le disminuyó sus condiciones físicas.  En 1965 viajó por última vez a Europa y a su regreso a Buenos Aires,  falleció en 1967.